El error más repetido en Peñalolén es pedir solo tamizado para un suelo fino de la Quebrada de Macul. El resultado es una curva granulométrica incompleta que esconde los limos y arcillas, justo la fracción que controla la capacidad de soporte y el potencial de expansión. Cuando eso pasa, el cálculo de asentamientos falla y la losa se fisura antes del primer año. Nosotros ejecutamos el análisis granulométrico completo, combinando tamices NCh 165 y ensayo de hidrómetro según NCh 165, para obtener la distribución real de partículas desde las gravas hasta la fracción coloidal. En un sector donde la geología cambia de depósitos aluviales gruesos a suelos volcánicos finos en menos de 500 metros, un perfil granulométrico preciso no es opcional: es la base para cualquier modelo geotécnico confiable. Complementamos este ensayo con el límite de Atterberg cuando los finos superan el 12% y la plasticidad define el comportamiento mecánico del estrato.
Un D10 mal calculado por falta de hidrómetro subestima la permeabilidad en un orden de magnitud. En Peñalolén, donde los limos volcánicos dominan la matriz, ese error cuesta drenajes colapsados.
